IMPRONTA
La política migratoria de Trump
Carlos Miguel Acosta Bravo
La política migratoria de Estados Unidos bajo el segundo
mandato de Donald Trump ha alcanzado cifras sin precedentes 271,193 mexicanos
han sido repatriados entre el 20 de enero de 2025 y el 13 de agosto de 2026,
según el Instituto Nacional de Migración (INM).
De estos, 171,508 ingresaron por vía terrestre y 99,685 por vía aérea,
en el marco de la estrategia "México te Abraza".
Un dato nuevo y relevante es que Guatemala ha recibido a
casi 2,300 mexicanos deportados de Estados Unidos en lo que va de 2026, según
confirmó el presidente guatemalteco Bernardo Arévalo.
La lectura más importante de esta práctica es que no se
trata de un "tercer país seguro", como el propio presidente Arévalo
se apresuró a aclarar.
Los mexicanos llegan a Guatemala en los mismos vuelos que
transportan a guatemaltecos repatriados, y son procesados "en
tránsito" para ser transferidos a territorio mexicano en menos de 24
horas, en coordinación con las autoridades migratorias de México.
Estados Unidos utiliza a Guatemala como un "hub" o
escala de tránsito para optimizar la repatriación de mexicanos, aprovechando
los vuelos que ya transportan a centroamericanos.
Aunque no es un "tercer país seguro", el hecho de
que mexicanos sean devueltos vía Guatemala refleja que Washington prioriza la
expulsión rápida y masiva, sin considerar la ruta más directa hacia México.
La práctica evidencia una coordinación trilateral
(EE.UU.-Guatemala-México) en materia migratoria, donde Guatemala actúa como
facilitador logístico.
La cooperación de México ¿es suficiente? La pregunta central
es si la colaboración de México —incluyendo el despliegue de tropas en la
frontera— es suficiente para satisfacer las expectativas de Estados Unidos.
México ha movilizado 10,000 soldados en la frontera como
parte de su estrategia de contención migratoria. México y Estados Unidos han
realizado operativos militares y policiales coordinados en la frontera, como el
reciente despliegue en Río Grande, Ciudad Juárez, para intimidar al Cártel de
Juárez. El INM mantiene un despliegue de más de 5,000 elementos para la
atención humanitaria de migrantes en territorio nacional.
Estados Unidos ha desplegado más de 20,000 militares en la
frontera sur desde el inicio del segundo mandato de Trump, de los cuales 8,000
integran el Grupo de Trabajo Conjunto de la frontera sur. Esto refleja un
enfoque de seguridad que prioriza la contención sobre la atención humanitaria.
Washington ha condecorado a sus tropas por lograr el
"control operativo total" de la frontera sur, frenando tanto el
tráfico de drogas como el flujo migratorio no autorizado.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha emitido
dictámenes que permiten a militares estadounidenses detener migrantes incluso
fuera de perímetros cerrados, buscando eludir la Ley Posse Comitatus.
¿Es esto evidencia de
falta de confianza en México? La respuesta corta es sí, en parte, pero no es lo
único que explica el endurecimiento. Estados Unidos ha desplegado más de 20,000
de sus propios militares en la frontera, en lugar de depender exclusivamente de
la colaboración mexicana.
El dictamen del Departamento de Justicia que permite a
militares estadounidenses detener migrantes fuera de perímetros cerrados
sugiere que Washington no confía plenamente en que México controle su frontera
sur.
El operativo en Ciudad Juárez fue descrito como un ejercicio
para "demostrar la capacidad de respuesta coordinada", lo que sugiere
que Estados Unidos busca verificar la capacidad real de México.
El uso de Guatemala como escala de tránsito para mexicanos
puede interpretarse como una decisión de Washington de no depender de los
puntos de repatriación mexicanos, aunque también responde a logística.
La presión es permanente, Estados Unidos mantiene un
escrutinio constante sobre México, exigiendo mayores controles en su frontera
sur (con Guatemala y Belice) para frenar el flujo migratorio antes de que
llegue a la frontera norte.
La cooperación tiene límites, México ha rechazado las nuevas
facultades de militares de Estados Unidos para detener migrantes en territorio
mexicano, lo que genera fricciones. También se ha registrado un endurecimiento
sin precedentes. El 95% de los
repatriados son originarios de Chiapas, Guanajuato, Guerrero, Veracruz, Oaxaca,
Michoacán, Puebla y Estado de México.
Estados Unidos utiliza la política migratoria como
instrumento de presión sobre México, vinculándola con otros temas como el
comercio (T-MEC), la seguridad y los aranceles.
Aunque México colabora con el despliegue de tropas y la
recepción de repatriados, Estados Unidos mantiene un enfoque que sugiere
desconfianza, despliega sus propios militares, amplía sus facultades de
detención y utiliza rutas alternativas de repatriación.
Algunos analistas advierten sobre el riesgo de que Estados
Unidos busque una "ocupación armada" de la franja norte mexicana,
equiparando a las agrupaciones locales con redes terroristas para justificar
acciones militares.
La colaboración de México —incluyendo los 10,000 soldados
desplegados— no parece suficiente para satisfacer las expectativas de
Washington, que mantiene un enfoque unilateral y desconfiado.
Esta situación evidencia, en parte, una reflejo de la naturaleza de la política
migratoria de Trump, que es unilateral, militarizada y no depende de la
cooperación de terceros países.
El desafío para México es enorme, colaborar lo suficiente
para evitar represalias comerciales o políticas, pero sin ceder soberanía ni
aceptar la militarización unilateral de su territorio.
La pregunta que queda abierta es si esta dinámica de
desconfianza y presión continuará escalando, o si ambos países encontrarán un
punto de equilibrio que respete la soberanía mexicana sin comprometer la
seguridad fronteriza que Washington exige.
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cacostabravo@yahoo.com.mx
Maestro en Comunicación por la Universidad
Iberoamericana. Formó parte del cuerpo
académico de la Licenciatura en Comunicación en esa institución, así como de la
Universidad Anáhuac, campús norte.

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