CONTRASEÑAS
+ Veracruz en acción, porque la salud no puede esperar.
+ Qué bueno que el Gobierno de Veracruz encontró un margen de actuación
dentro del convenio de colaboración existente con la Federación.
+ Ante reportes de retrasos, el camino ha sido: detectar, corregir y
garantizar.
Miguel
Valera
Hay una diferencia importante entre administrar un problema y hacerse
cargo de que se resuelva. En el caso del abasto de medicamentos e insumos de
curación en Veracruz, esa diferencia se hizo evidente.
Los hospitales incorporados al IMSS-Bienestar forman parte de un esquema
federal; sin embargo, cuando los retrasos en la entrega de medicamentos y
materiales comenzaron a traducirse en solicitudes y reportes desde las propias
unidades médicas, nos cuentan que el Gobierno de Veracruz encontró un margen de
actuación dentro del convenio de colaboración existente con la Federación.
Ese mecanismo ha permitido que, ante faltantes prioritarios, el Gobierno
estatal pueda adquirir directamente los medicamentos e insumos necesarios y
posteriormente gestionar su reembolso ante la Federación. No significa que
Veracruz asuma la administración del IMSS-Bienestar, sino que existe una vía
institucional para intervenir cuando la atención de un paciente no puede
esperar a que termine un proceso administrativo.
Y ahí está uno de los puntos centrales de la decisión de la gobernadora Rocío
Nahle García.
La mandataria veracruzana utiliza los mecanismos de coordinación
disponibles para que una diferencia entre competencias administrativas no
termine convirtiéndose en una diferencia en la atención médica.
Ya desde septiembre, ante reportes sobre faltantes específicos, Rocío
Nahle instruyó revisar las existencias, redistribuir materiales
disponibles, solicitar envíos al IMSS-Bienestar y adquirir directamente las
claves que hicieran falta.
Ahora viene una segunda etapa: recorrer personalmente los hospitales.
Durante el próximo mes, la gobernadora anunció la supervisión de los 61
hospitales del estado para conocer directamente sus condiciones, revisar
necesidades de mantenimiento y verificar la disponibilidad de medicamentos,
material de curación e insumos.
Este recorrido no se limita a una revisión de escritorios. La
instrucción es ir a las unidades médicas, conocer qué tienen, qué les falta y
dónde existen necesidades diferenciadas.
Porque el problema del abasto no necesariamente se presenta de la misma
manera en todos los hospitales. De hecho, el propio Gobierno estatal ha
señalado que existen unidades con existencias suficientes y otras con
requerimientos específicos, particularmente en zonas como Veracruz-Boca del Río
y Xalapa y que el medicamento llegue al paciente que lo necesita.
Ese ha sido uno de los asuntos recurrentes en la agenda de salud de
Veracruz. En enero de este año, por ejemplo, el Gobierno estatal informó el
arranque de la distribución de más de 10.6 millones de piezas de medicamentos y
material de curación, con una inversión de 483 millones de pesos.
Ahora, ante los nuevos reportes y retrasos, la lógica vuelve a ser la
misma: detectar, corregir y garantizar.
La diferencia está en que hoy existe un mecanismo de coordinación que
permite al Estado actuar directamente ante determinados faltantes, sin esperar
a que el problema escale.
Y quizá ese sea el mensaje de fondo de la supervisión que inicia Rocío
Nahle: en materia de salud, las fronteras administrativas pueden definir quién
compra, quién distribuye o quién administra, pero no deberían definir quién
responde cuando una persona necesita un medicamento.
La responsabilidad institucional puede tener distintos niveles y
competencias.
La necesidad del paciente, en
cambio, es una sola.
Y esa no admite trámites pendientes, porque el tema de la salud es de
las más sensibles entre la población.
@MValeraH

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