IMPRONTA
Morena a los 15 años
Carlos Miguel Acosta
Bravo
La celebración por el decimoquinto aniversario de
Morena dejó un mensaje central, el partido sigue siendo la principal fuerza
política del país, pero ya no puede dar por garantizada su unidad ni su
permanencia en el poder. El llamado a “cuidar lo conquistado”, mantener la
alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Verde, y evitar las disputas
internas reveló que la preocupación ya no está sólo en la oposición, sino
también dentro del propio movimiento.
El acto realizado en el Auditorio Nacional fue, al
mismo tiempo, una celebración, un homenaje a Andrés Manuel López Obrador y una
advertencia rumbo a las próximas disputas electorales.
Morena decidió regresar simbólicamente al lugar
donde, en 2011, se realizó la asamblea que dio origen al movimiento como
asociación civil. Quince años después, ya no se trata de una fuerza opositora
que busca llegar al poder, sino del partido que gobierna la Presidencia, cuenta
con amplia presencia territorial y domina buena parte del Congreso.
Esa transformación estuvo presente en los
discursos. Ariadna Montiel destacó que Morena cuenta con alrededor de 12
millones de militantes y que se ha convertido en una de las organizaciones
políticas más grandes de América Latina. También llamó a mantener la humildad,
la austeridad y la cercanía con la ciudadanía.
Su advertencia fue significativa, los cargos
públicos no deben alejar a los dirigentes de las causas sociales ni convertir
al partido en una estructura distante. En otras palabras, Morena enfrenta el
riesgo clásico de los partidos que llegan al poder, sustituir la movilización
social por la administración burocrática y el contacto con la gente por la
disputa entre grupos.
El mensaje de Montiel no fue sólo retórico. Morena
gobierna más territorios, controla más espacios institucionales y tiene mayores
recursos que en sus primeros años. Pero, precisamente por eso, también enfrenta
más posibilidades de burocratización, divisiones y conflictos por las
candidaturas.
Alfonso Durazo insistió en la necesidad de mantener
unida la coalición con el PT y el PVEM. Su llamado a caminar juntos y evitar
divisiones internas tuvo un destinatario evidente, los grupos que ya disputan
posiciones rumbo a las elecciones de 2027.
La advertencia fue clara, una pelea por el mismo
cargo o una ruptura interna puede beneficiar a la oposición. En un partido que
se ha acostumbrado a ganar, la principal amenaza puede no ser necesariamente un
adversario externo, sino la fragmentación de sus propias corrientes.
La unidad, sin embargo, tiene dos significados. Por
un lado, es una necesidad electoral. Morena necesita conservar alianzas,
coordinar estructuras y evitar que los conflictos por las candidaturas se
conviertan en rupturas. Por otro, es una forma de disciplina política, se pide
a los grupos inconformes aceptar decisiones partidistas en nombre del proyecto
general.
El problema es que la unidad no puede reducirse al
silencio de las inconformidades. Si los conflictos se ocultan sin resolverse,
tarde o temprano reaparecen como candidaturas independientes, filtraciones,
campañas negativas o abstención de sectores inconformes.
Andrés Manuel López Obrador no acudió porque
mantiene su retiro de la vida pública. Morena lo recordó mediante videos con
imágenes de sus campañas, discursos y momentos fundacionales del movimiento.
Aunque no estuvo físicamente, su presencia simbólica dominó el acto. Los
asistentes corearon “¡Es un honor estar con Obrador!” mientras aparecían
imágenes del expresidente.
La ausencia de López Obrador puede interpretarse de
dos maneras. En el plano formal, confirma su decisión de no participar
públicamente en la vida partidista. En el plano político, muestra que Morena
todavía depende de su legado para producir cohesión emocional entre sus bases.
La ausencia de Claudia Sheinbaum tuvo otra
explicación. La dirigencia argumentó que la presidenta gobierna para todos los
mexicanos y que el evento era partidista, por lo que no correspondía su
presencia.
La decisión busca preservar la separación entre el
gobierno y el partido. Pero también tiene una consecuencia política, Claudia Sheinbaum
estuvo presente de manera indirecta, mediante videos y consignas, pero no
encabezó la celebración. Eso evita que el aniversario se convierta en un acto
oficial, aunque también revela que Morena aún no ha sustituido por completo el
liderazgo histórico de López Obrador.
La ausencia de Rocío Nahle merece una lectura más
cuidadosa. La gobernadora de Veracruz fue una de las mandatarias que no
asistieron al evento. De acuerdo con los reportes disponibles, mientras se
realizaba la celebración participaba en actividades de supervisión hospitalaria
en Veracruz.
No existe, con la información disponible, una
explicación oficial que permita afirmar que su ausencia haya sido un desafío a
la dirigencia o una ruptura con Morena. Sin embargo, políticamente sí puede ser
interpretada de distintas maneras.
Puede tratarse de una ausencia administrativa, una
gobernadora que privilegió su agenda estatal. También puede reflejar una
decisión de no exponerse en un acto nacional marcado por disputas internas y
definiciones rumbo a 2027. O puede ser una señal de autonomía frente a la
dirigencia federal en un momento en que los gobernadores buscan cuidar sus
propios espacios de poder.
En política, la ausencia no siempre equivale a
ruptura. Pero tampoco es neutral. Su significado depende del contexto, de las
relaciones internas y de la manera en que se comunica.
La asistencia de Andrés Manuel López Beltrán tuvo
un peso político mayor que el lugar que ocupó en el recinto. Andy llegó sin
estar en el escenario principal y se ubicó en la quinta fila, lejos de los
dirigentes y gobernadores. Sin embargo, su presencia fue identificada por la
militancia, que se acercó para pedirle fotografías y saludos.
La imagen produjo una paradoja. Los dirigentes
parecieron mantener distancia, mientras que las bases lo recibieron con
entusiasmo. Esa diferencia puede tener varias lecturas.
La primera es que Andy conserva un vínculo
simbólico con la militancia por ser hijo del fundador de Morena. En una
organización donde el apellido López Obrador sigue teniendo una enorme carga
política, su presencia no pasa inadvertida.
La segunda es que su aparición puede interpretarse
como un intento de reaparecer públicamente después de dejar la dirigencia
partidista y trasladarse a Tabasco con aspiraciones electorales. Su presencia
le permite mostrar que no está fuera del movimiento y que conserva respaldo
entre sectores de base.
La tercera lectura es más delicada. La dirigencia
pudo haber evitado colocarlo en una posición central para no convertir el
aniversario en una defensa pública de su figura, especialmente en un contexto
de cuestionamientos periodísticos y señalamientos políticos. La distancia
física del escenario pudo ser una forma de reconocimiento limitado, no
excluirlo, pero tampoco darle protagonismo oficial.
Esa escena resume una tensión interna de Morena. El
partido necesita preservar la herencia de López Obrador, pero también debe
evitar que la asociación con su familia genere costos políticos,
particularmente cuando la oposición cuestiona la existencia de privilegios o de
una sucesión familiar.
El aniversario produjo unidad escénica, pero no
resolvió las tensiones de fondo. Morena sigue enfrentando preguntas sobre la
selección de candidaturas para 2027; La relación entre la dirigencia nacional y
los gobernadores; El equilibrio entre antiguos fundadores y nuevos cuadros; La
incorporación de figuras provenientes de otros partidos; La forma de mantener
la identidad original desde el ejercicio del poder; El trato político a
personajes cercanos al expresidente López Obrador.
La aparición de Andy, la ausencia de Nahle y la
distancia de algunos dirigentes forman parte de ese rompecabezas. Ninguno de
estos hechos permite, por sí solo, afirmar que exista una ruptura. Pero juntos
muestran que Morena ya no es un movimiento compacto alrededor de una sola
figura.
También llamó la atención la presencia de políticos
con trayectorias diversas. Algunos fueron fundadores o militantes históricos;
otros llegaron desde partidos como el PRI. Esa amplitud ha ayudado a Morena a
crecer, pero también provoca tensiones entre quienes participaron en la lucha
original y quienes se incorporaron cuando el partido ya era una fuerza
dominante.
Pero el tono de los discursos reflejó preocupación.
La insistencia en la humildad, la cercanía con el pueblo, la unidad y el
rechazo a las divisiones no corresponde a un partido completamente
despreocupado por su futuro. Son llamados propios de una organización que
percibe riesgos en el ejercicio del poder.
Morena volvió al mismo escenario donde nació como
movimiento. Sin embargo, ya no es el mismo partido. Ahora debe demostrar que
puede conservar la confianza social sin depender exclusivamente de López
Obrador, que puede resolver sus conflictos sin fracturarse y que puede ejercer
el poder sin alejarse de las causas que le dieron origen.
La palabra más repetida en el aniversario fue
“unidad”. El verdadero desafío será demostrar que no se trata sólo de una
consigna para los discursos, sino de una capacidad política real.