IMPRONTA
38 toneladas por minuto,
la vergüenza del desperdicio de alimentos en México
Escribe Carlos Miguel Acosta Bravo
Cada minuto, en México, se tiran a la basura 38 toneladas de
comida. Es una cifra que duele, que indigna y que revela una falla moral
profunda en nuestro sistema alimentario. Mientras 28 millones de mexicanos
viven con carencia alimentaria y no saben qué comerán mañana, supermercados,
restaurantes y hogares desperdician más de 30 millones de toneladas de
alimentos al año.
Lo más absurdo es que gran parte de esa comida es
perfectamente comestible. Se tira por criterios comerciales (productos
"imperfectos", exceso de inventario, fechas de caducidad próximas),
por estándares estéticos (frutas y verduras que no tienen la "forma
ideal") o por fallas logísticas en la cadena de suministro. No es comida
podrida: es comida que alguien, en algún lugar, podría estar comiendo.
El diagnóstico de la Semarnat es claro, el desperdicio
ocurre en toda la cadena, desde el campo hasta la mesa. En el nivel de
producción, los agricultores pierden cosechas enteras porque no hay
compradores, porque produjeron de más o porque sus productos no cumplen los
estándares de exportación. En los supermercados, se tiran productos próximos a
caducar o con empaques dañados. En restaurantes y hoteles, se desperdician
sobras que podrían redistribuirse. Y en los hogares, tiramos comida porque
compramos de más, no planificamos o simplemente no nos acordamos de lo que
tenemos en el refrigerador.
La Red de Bancos de Alimentos de México (Red BAMX) ya hace
un trabajo admirable. Recupera más de 180 millones de kilos de excedentes al
año y beneficia a 2.5 millones de personas. Pero esta cifra es apenas una
fracción del desperdicio total. Se necesita mucho más.
México no necesita inventar la rueda. Las soluciones están
ahí, solo falta voluntad política y participación masiva del sector privado.
Primero, fortalecer los bancos de alimentos. La Red BAMX
tiene 60 bancos en 30 estados, pero necesita expandirse a más municipios,
especialmente en zonas rurales. El gobierno puede ofrecer incentivos fiscales a
empresas que donen alimentos (deducciones, exenciones de IVA) y crear alianzas
logísticas con transportistas, supermercados y restaurantes para facilitar la
recolección y distribución.
Segundo, una ley que proteja a los donantes. México necesita
una Ley Federal de Aprovechamiento de Alimentos que proteja legalmente a las
empresas que donen comida contra responsabilidades por daños (similar a la
"Good Samaritan Act" de Estados Unidos). Esta misma ley debería
obligar a grandes retailers a reportar y reducir su desperdicio anual, prohibir
la destrucción de alimentos aptos para consumo y establecer metas nacionales de
reducción (como el 50% para 2030 que propone BAMX).
Tercero, incentivos económicos. Los supermercados podrían
ofrecer descuentos dinámicos en productos próximos a caducar (como hacen apps
europeas como "Too Good To Go"). El gobierno podría crear una
certificación "Cero Desperdicio" para empresas que cumplan metas de
reducción, con beneficios en licitaciones públicas. Y sí, también podría haber
impuestos al desperdicio para grandes generadores que no cumplan metas.
Cuarto, educación y cambio cultural. Campañas como
"Elige las feas" (para promover la compra de frutas y verduras con
formas extrañas) o el "Pacto por la Comida" de BAMX buscan fomentar
cambios en hábitos de compra y consumo. Pero también necesitamos educación
escolar. Incluir en el currículo de primaria y secundaria temas sobre
desperdicio alimentario, nutrición y sostenibilidad.
Quinto, tecnología. Sistemas de inventario en tiempo real
para supermercados, apps de redistribución que conecten donantes con bancos de
alimentos, plataformas de venta de excedentes para agricultores y sensores de
temperatura en la cadena de frío pueden reducir drásticamente el desperdicio.
Lo que podemos hacer desde casa. No todo depende del
gobierno o las empresas. Desde casa, los mexicanos podemos contribuir
significativamente. Planificar compras con un menú semanal y revisar el
refrigerador antes de ir al supermercado.Organizar la despensa colocando
productos más antiguos al frente (método FIFO: First In, First Out). Congelar
excedentes antes de que caduquen.Reutilizar sobras creativamente en nuevas
recetas. Elegir productos
"imperfectos" en el supermercado (esas manzanas con formas raras son
igual de nutritivas). Donar alimentos no perecederos que no se usarán a bancos
de alimentos locales. Compostar residuos orgánicos en lugar de tirarlos a la
basura.
El desperdicio de 30 millones de toneladas anuales no solo
es una tragedia humanitaria, es un desastre económico y ambiental. Se estima
que genera pérdidas de más de 100 millones de pesos al año. Además, los
alimentos desperdiciados representan agua desperdiciada (70% del uso nacional
de agua es para agricultura), emisiones de gases de efecto invernadero (si el
desperdicio alimentario fuera un país, sería el tercer mayor emisor mundial) y
tierra y energía usadas inútilmente.
El "Pacto por la Comida" de BAMX proyecta reducir
el desperdicio nacional en 50% durante la próxima década. Es una meta ambiciosa
pero alcanzable si se combina regulación, incentivos económicos, educación y
tecnología.
La pregunta no es si México puede permitirse actuar, es si
puede permitirse no hacerlo. Mientras 38 toneladas de comida se tiran cada
minuto, millones de mexicanos siguen sin tener qué comer. Eso no es solo
ineficiencia, es una falla moral del sistema alimentario que requiere acción
inmediata.
Cada uno de nosotros puede ser parte de la solución. La
próxima vez que vayas al supermercado, piensa dos veces antes de tirar esa
fruta "imperfecta" o ese producto próximo a caducar. La próxima vez
que tires sobras a la basura, pregúntate si esa comida podría haber alimentado
a alguien. Y la próxima vez que votes, exige a tus representantes políticas
públicas serias contra el desperdicio de alimentos.
Porque en un país donde 28 millones de personas no tienen
qué comer, tirar 38 toneladas de comida por minuto no es un problema logístico.
Es una vergüenza nacional.
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cacostabravo@yahoo.com.mx
Maestro en Comunicación por la Universidad
Iberoamericana. Formó parte del cuerpo
académico de la Licenciatura en Comunicación en esa institución, así como de la
Universidad Anáhuac, campús norte.