IMPRONTA
El voto latino y Trump
Carlos Miguel Acosta
Bravo
El voto latino será uno de los factores más
decisivos en las elecciones intermedias de Estados Unidos del 3 de noviembre de
2026. Con entre 36 y 39 millones de electores potenciales, puede inclinar
distritos y estados clave, y hoy favorece de manera clara al Partido Demócrata.
Las operativos y detenciones del ICE han intensificado ese desplazamiento,
aunque no garantizan una victoria demócrata. El voto latino no es homogéneo y
el resultado dependerá, sobre todo, de la participación en cada distrito.
Los latinos representan aproximadamente el 16% del
electorado, con cerca de 38.9 millones de votantes, un aumento de 5.2 millones
respecto a 2022. Su peso es especialmente relevante en California, Arizona,
Texas, Florida, Nevada, Colorado, Georgia y en distritos urbanos y fronterizos
donde las contiendas pueden definirse por márgenes reducidos.
No se trata de un bloque único. Hay diferencias
importantes por origen nacional, religión, generación, clase social y estado de
residencia. Pero en esta elección, la preocupación compartida por la economía y
la política migratoria ha hecho más visible su inclinación demócrata.
Las encuestas recientes favorecen a los demócratas
entre los votantes latinos. La casa Pew ubica la ventaja demócrata para la
Cámara de Representantes en 51% contra 24%, una diferencia de 27 puntos. Otra
encuesta de FIU/YouGov reporta 54.6% de apoyo demócrata frente a 32.5%
republicano, y una aprobación de Trump de apenas 32.9% entre latinos.
Hasta el momento la intención de voto para la
Cámara de representantes registra una
mayoría a favor de demócratas, con un 51 al 54 %, frente al 27% republicano,
esto debido a una baja aprobación del gobierno de Trump que se encuentra entre
el 27 y el 32% en encuestas recientes.
La percepción de latinos, es que el gobierno de
Trump ha ido demasiado lejos en materia de política migratoria, pues el 65% piensa
que el ICE ha cometido excesos en su actuación y un 41% se encuentra preocupados ante detenciones o
deportaciones y al menos un 11% conocer a un familiar o amigo que ha sido
afectado.
Esto no significa que todos los latinos votarán solo
por el partido demócrata. En 2024, Trump obtuvo cerca del 48% del voto hispano,
un récord para un republicano. El desplazamiento actual es una reacción
política, no una restauración automática de la lealtad demócrata; algunos
votantes latinos conservadores pueden abstenerse en lugar de apoyar a los
demócratas, lo que también afecta los resultados.
Las jornadas intensas de detención y deportación
han convertido la migración en un asunto de experiencia cotidiana para muchas
familias latinas. Casi un tercio de los votantes latinos dijo que él o alguien
cercano comenzó a cargar identificación por temor al ICE; 27% conoce a alguien
detenido o deportado en los últimos dos años; y 17% señaló que él o alguien
cercano había considerado no votar por esas preocupaciones.
El efecto político es ambivalente. Puede aumentar
la participación entre quienes perciben una amenaza directa y quieren frenar
las políticas de la administración Trump. Pero también puede desmotivar la
participación por miedo, dispersión familiar o desconfianza hacia las
instituciones.
La evidencia disponible sugiere que, hasta ahora,
el efecto dominante es de rechazo hacia Trump y los republicanos, 69% de los
latinos desaprueba su enfoque migratorio y, entre quienes consideran que el
presidente “ha ido demasiado lejos”, la preferencia por demócratas en la
contienda por el Congreso alcanza una diferencia de 74 puntos.
La dimensión diplomática agrega presión moral y
política. La Secretaría de Relaciones Exteriores reportó la muerte de 17 personas mexicanas
desde mayo de 2025 en operativos o bajo custodia del ICE.
México presentó denuncias ante el Departamento de
Justicia de Estados Unidos y fiscalías estatales y de condado en Arizona,
California, Florida, Georgia, Illinois, Luisiana, Misuri y Texas. También elevó
preocupaciones ante el Departamento de Seguridad Nacional y el ICE sobre las
condiciones en centros de detención, incluidos los operados por empresas
privadas, y llevó el asunto ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Derechos Humanos.
Estos casos pueden reforzar la percepción de que la
política migratoria no es una cuestión abstracta de seguridad o control
fronterizo, sino una crisis de derechos humanos con consecuencias mortales.
Para votantes latinos, especialmente mexicano-estadounidenses, esa realidad
puede pesar más que los discursos sobre orden público o seguridad.
El voto latino no decidirá por sí solo el control
del Congreso, pero puede ser determinante en distritos y estados competitivos.
Un cambio significativo del electorado hispano podría influir en carreras por
la Cámara en Arizona y Colorado, en la elección al Senado en Georgia y en
California, además de complicar la posición republicana en Florida.
En Florida, donde los latinos habían mostrado mayor
cercanía con Trump, el descontento por ICE y la economía ha reducido la ventaja
republicana, una encuesta reportó 47.5% de intención demócrata frente a 38.5%
republicana entre latinos, y candidaturas republicanas estatales en empate
técnico.
La importancia del voto latino radica en que puede
transformar el descontento con Trump en control demócrata de al menos una
cámara del Congreso. Si los demócratas ganan la Cámara o el Senado, tendrían
mayor capacidad para frenar iniciativas de la Casa Blanca, investigar abusos y
condicionar el financiamiento de agencias como ICE.
Pero el mayor riesgo para los republicanos no es
solo perder votos latinos, es perder la narrativa. Un electorado que percibe
crueldad, arbitrariedad y consecuencias familiares en la política migratoria
puede castigar al partido en el poder incluso cuando comparte algunas
posiciones conservadoras sobre seguridad fronteriza.
En síntesis, el voto latino favorece hoy al Partido
Demócrata, y las deportaciones masivas y los excesos atribuidos al ICE han
ampliado ese favor. Pero su impacto final dependerá de una pregunta decisiva,
si el miedo paraliza o si el descontento se convierte en votos.
Si los latinos salen a votar en números altos,
podrán castigar la arbitrariedad y cambiar el equilibrio del Congreso. Si el
temor los mantiene lejos de las urnas, el costo político del ICE será menor. En
cualquiera de los dos escenarios, la elección del 3 de noviembre será una
prueba sobre si la política migratoria de Trump puede seguir sosteniéndose sin
pagar un precio electoral.
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