IMPRONTA
La caña amarga de Los Tuxtlas, cuando el azúcar se vuelve
sal para las heridas de Veracruz
Carlos Miguel Acosta Bravo
Hay paradojas que duelen más que la lógica económica. En
julio de 2026, Estados Unidos anunció que triplicaría la cuota de exportación
de azúcar mexicana, de 180 mil toneladas a más de 550 mil, con posibilidad de
escalar hasta 1.1 millones. Era la noticia que el sector azucarero mexicano
esperaba desde hacía años. Un respiro, una oportunidad, un mercado garantizado.
Pero apenas semanas después, el 4 de agosto, el Ingenio San Pedro
—perteneciente al Grupo Porres y ubicado en Lerdo de Tejada, Veracruz— cerró
definitivamente sus operaciones, dejando sin empleo a casi mil trabajadores y
sin comprador a 7 mil productores de caña.
La ironía es brutal, México recupera su cuota de exportación
justo cuando Veracruz pierde capacidad productiva. Es como si el mercado se
abriera precisamente cuando las puertas se cierran.
El cierre del Ingenio San Pedro no es una cifra en un
boletín de prensa, es el colapso de una región entera. Alrededor de 950
trabajadores sindicalizados y 140 empleados de confianza quedaron sin empleo.
La gobernadora Rocío Nahle estimó que cerca de 5 mil familias resultarían
afectadas directamente. Pero las organizaciones agrarias elevan la cifra, entre
23 mil y 40 mil personas cuyo sustento gira alrededor de la actividad cañera
enfrentan un futuro incierto.
El problema no es solo el empleo perdido, es la caña sin
molino. Alrededor de un millón de toneladas de caña que estaban destinadas al
San Pedro para la próxima zafra ahora deberán ser enviadas a otros ingenios.
Esto incrementará drásticamente los costos de flete, alterará los calendarios
de entrega y saturará la capacidad de molienda disponible. Los costos de
transporte se comerán el margen de ganancia de los productores, y algunos
ingenios restantes podrían no tener capacidad para absorber todo el volumen.
Cuando un ingenio cierra en Veracruz, no solo cierra una
fábrica, se colapsa una economía regional. Ángel R. Cabada, Saltabarranca,
Tlacotalpan, Santiago Tuxtla y San Andrés Tuxtla enfrentarán una caída drástica
en las ventas. La derrama económica del ingenio durante la época de zafra
sostenía a pequeños comercios, restaurantes, talleres mecánicos, transportistas
y proveedores de insumos.
La ecuación es simple, cuando el ingenio opera, hay empleo,
hay ingresos y hay consumo. Cuando el ingenio cierra, el comercio local se
contrae, los empleos informales desaparecen y la migración aumenta. Los jóvenes
que no encuentran trabajo en la región empiezan a mirar hacia el norte, hacia
Estados Unidos, como única alternativa.
Aquí está la contradicción que duele, Estados Unidos
incrementó la cuota de exportación de azúcar mexicana de 180 mil toneladas a
más de 550 mil toneladas para el ciclo 2026-2027, un aumento de 512%. La
Secretaría de Economía confirmó un cupo total de 610,573.919 toneladas métricas
valor crudo. Para Veracruz, principal productor de azúcar en México, esta
oportunidad era crucial.
Sin embargo, el estado ha visto desaparecer siete ingenios
en los últimos 50 años, reduciendo su capacidad de molienda y su
competitividad. El Ingenio San Pedro era
la segunda factoría azucarera cerrada en Veracruz en 2026, después del Ingenio
El Carmen, lo que reduce a 17 las factorías activas en el estado. Es como si el
país tuviera un boleto ganador para la lotería, pero no tuviera con qué
cobrarlo.
El Grupo Porres argumentó que "las condiciones del
ingenio, de la región y de la industria azucarera han generado que su
continuidad sea económicamente inviable". Pero los líderes del sector
señalan problemas más profundos que una simple decisión empresarial:
Falta de modernización, muchos ingenios en Veracruz operan
con tecnología obsoleta, lo que incrementa los costos de producción y reduce la
eficiencia. Deudas acumuladas, el ingenio arrastraba adeudos con productores,
trabajadores y proveedores, generando un círculo vicioso de falta de liquidez.
Competencia y volatilidad, aunque México tiene aranceles de 156% para azúcar
cruda y 210.44% para refinada, la competencia con azúcar de otros orígenes y la
volatilidad de precios internos afectan la rentabilidad y por último
cambio climático, las sequías y fenómenos climáticos han
afectado los rendimientos de caña por hectárea, incrementando los costos para
los productores.
El gobierno de Veracruz, a través de la gobernadora Rocío
Nahle, visitó ya las instalaciones del ingenio San Pedro y está haciendo las
gestiones para evitar el cierre o facilitar la reapertura. Pero las medidas
coyunturales —subsidios, liquidaciones, empleos temporales— no resuelven los
problemas estructurales.
Se requiere una política industrial clara que combine:1.
Modernización de ingenios: Inversión en tecnología para reducir costos de
producción y aumentar la eficiencia. 2. Fomentar que los ingenios produzcan no
solo azúcar, sino también etanol, energía eléctrica a partir de biomasa y otros
derivados de la caña. 3. Apoyo a productores con Créditos, seguros de cosecha y
asistencia técnica para mejorar la productividad de la caña.
Y 4. Atraer otras industrias a la región para que la
economía no dependa exclusivamente del azúcar.
El cierre de ingenios en Veracruz tiene un impacto
devastador, multidimensional y de largo plazo. Estas factorías constituyen el
principal e incluso único motor económico de regiones enteras. Cuando se cierra
un ingenio, se colapsa la economía de todo el municipio.
Los Tuxtlas ya enfrenta altos niveles de pobreza y
marginación. El cierre del San Pedro no es solo un problema laboral, es una
señal de alerta sobre el futuro de una industria que ha sido históricamente el
motor económico de regiones enteras en Veracruz.
La oportunidad de exportar más azúcar a Estados Unidos
debería ser un incentivo para reactivar ingenios, no para cerrarlos. Sin una
política industrial clara, el riesgo es que Veracruz siga perdiendo ingenios
mientras otros estados aprovechan la apertura del mercado estadounidense.
El cierre del Ingenio San Pedro es un síntoma de una
industria azucarera en crisis que, pese a tener oportunidades de exportación,
enfrenta problemas estructurales de modernización, productividad y
competitividad. Para Veracruz, esto significa no solo la pérdida de empleos
directos, sino el colapso de cadenas productivas enteras.
La caña de Los Tuxtlas se ha vuelto amarga. Y mientras el
gobierno instala mesas de diálogo y ofrece subsidios temporales, miles de
familias enfrentan un futuro incierto. La pregunta es si México aprovechará la
oportunidad histórica de exportar más azúcar o si seguirá viendo cómo sus
ingenios cierran mientras el mercado se abre.
El azúcar mexicano tiene mercado garantizado en Estados
Unidos. Lo que no está garantizado es que México tenga la capacidad productiva
para aprovecharlo. Y eso, más que un problema económico, es un fracaso de
política industrial.
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cacostabravo@yahoo.com.mx
Maestro en Comunicación por la Universidad
Iberoamericana. Formó parte del cuerpo
académico de la Licenciatura en Comunicación en esa institución, así como de la
Universidad Anáhuac, campús norte.

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