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lunes, 17 de agosto de 2026

Articulista invitado Jorge Ramón Rizzo


   Focus Group 

De Raúl Salinas a López Beltrán

Por Jorge Ramón Rizzo*


El encarcelamiento de Raúl Salinas de Gortari en 1995 constituyó un terremoto judicial y político, concebido como un ajuste de cuentas e intento de legitimación del régimen de Ernesto Zedillo frente a la dinastía salinista. En contraste, la revocación de la visa estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán en agosto de 2026 representa una presión exógena y un golpe extraterritorial ejecutado por Washington que sacude a la cúpula de Morena sin la mediación de tribunales mexicanos. 


Los casos del "Hermano Incómodo" y del "Hijo de la Transformación", nos permiten apreciar y contrastar la posición de los mandatarios en turno frente a las crisis de los clanes familiares precedentes y nos demuestra cómo cambia el uso del poder. 


Porque en 1995 Ernesto Zedillo optó por la "sana distancia" con su predecesor, ya que el encarcelamiento de Raúl Salinas fue su carta de presentación para demostrar la supuesta transición hacia un México institucional y de leyes, aunque esto significara desatar una guerra civil interna dentro del PRI y el exilio político de Carlos Salinas de Gortari. Mientras que en 2026 Claudia Sheinbaum se enfrenta a una encrucijada opuesta. El obradorismo no permite la "sana distancia" sin fracturar la base social que sostiene al movimiento. Ante la revocación de la visa de "Andy", la llamada 4T ha optado por el atrincheramiento discursivo, catalogando la medida como un "acto de injerencia política". Defender al hijo del expresidente se vuelve indispensable para salvaguardar el relato de la soberanía nacional de la llamada "Cuarta Transformación".


Treinta y un años después, recordamos que el caso de Raúl Salinas se libró en los tribunales nacionales bajo la presunción de un "freno institucional" interno. El entonces presidente Ernesto Zedillo permitió, o empujó, una investigación por enriquecimiento ilícito y el homicidio de José Francisco Ruiz Massieu, fracturando al partido gobernante desde las entrañas del Estado. Por el contrario, el retiro del visado a Andrés Manuel López Beltrán por instrucciones del secretario de Estado Marco Rubio y el subsecretario Christopher Landau obedece a la lógica de seguridad nacional de Estados Unidos. No hay un proceso judicial mexicano que lo sustente de manera directa, sino una sanción administrativa y consular de Washington que la oposición ha exigido investigar en el plano local, mientras el oficialismo lo denuncia como un acto flagrante de injerencia electoral y extralimitación geopolítica.


Raúl Salinas era el epicentro del poder terrenal y financiero del sexenio de Carlos Salinas; su caída simbolizó la degradación de la élite tecnócrata. Andrés Manuel López Beltrán, por su parte, encarna la continuidad orgánica y el aparato político del obradorismo tras haber fungido como secretario de organización de Morena y estar compitiendo hoy por una nominación a diputado federal desde su "feudo tabasqueño".


Si en los noventa el golpe apuntaba a deslindar al nuevo presidente de los excesos de la familia incómoda para sanear la credibilidad del sistema político, en la coyuntura actual el retiro del permiso migratorio funciona como un proyectil directo a la línea de flotación de la Cuarta Transformación, buscando fracturar la narrativa de incorruptibilidad moral que aparentemente heredó el movimiento.


Y es que, tras el anuncio de la medida estadounidense y la carta de respuesta de López Beltrán dirigida a Donald Trump, el aparato de Morena y sus gobernadores cerraron filas de inmediato, transformando la sanción consular en una causa nacionalista de defensa de la soberanía. Porque no puedo dejar de señalar que en el caso de López Beltrán, las sospechas sembradas desde Estados Unidos se vinculan directamente con el corazón de la agenda de seguridad de Washington: Redes de tráfico de influencias en megaproyectos públicos, presuntas conexiones con el "huachicol fiscal" en las aduanas e investigaciones de la DEA y agencias internacionales sobre redes criminales de alto perfil.


Y en 1995 el debate se centraba en la transición del viejo régimen y la autonomía del poder judicial. En 2026, la confrontación se libra entre el Estado mexicano, encabezado por Claudia Sheinbaum, y los halcones de la administración estadounidense, evidenciando un triángulo de presión donde la oposición nacional utiliza a Washington como caja de resonancia ante su debilidad institucional interna.


Quitar la visa a un operador clave del oficialismo busca inhabilitar financieramente o políticamente su proyección internacional, recordándole a la clase política gobernante que el costo de la cercanía con el poder incluye la vulnerabilidad ante los controles migratorios y de seguridad del vecino del norte.


En 1995, el arresto de Raúl Salinas fue el inicio del colapso del PRI. Mostró las costuras de un sistema que terminó perdiendo la presidencia en el año 2000. El golpe fue tan letal que el salinismo se convirtió, hasta el día de hoy, en el sinónimo predilecto de los excesos de la era neoliberal en la narrativa popular. En este 2026, la revocación de la visa a Andrés Manuel López Beltrán ocurre en un escenario de altísima polarización y con las elecciones intermedias de 2027 en el horizonte inmediato. "Andy", quien hasta hace poco fungía como funcionario de Morena y, como ya lo dije, prepara su camino para obtener fuero, ha respondido con una carta directa a Donald Trump tildando el hecho de "politiquería", pero que apunta cuál si fuese dardo envenenado contra las venas vitales del morenismo.


La vulnerabilidad del sucesor frente a los espectros del pasado, es el eje central del análisis político cuando se comparan los quiebres de impunidad entre las familias de los mandatarios salientes en México. El encarcelamiento de Raúl Salinas de Gortari en 1995 y la cancelación de la visa estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán en agosto de 2026 exponen la fragilidad del control político una vez que concluye un sexenio.


La gran lección comparativa radica en la mutación del control político: Hace tres décadas el régimen se autoflagelaba para sobrevivir a sus demonios internos; hoy, es una potencia extranjera la que decide sacudir el árbol sucesorio y electoral de México mediante la diplomacia del visado.


El encarcelamiento de Raúl Salinas de Gortari en 1995 demostró que, en el México del siglo XX, los presidentes en funciones podían devorar a sus antecesores para sobrevivir. La crisis de la visa de Andrés Manuel López Beltrán en 2026 demuestra que, en el siglo XXI, la justicia o el castigo a las élites ya no se dirime únicamente en los tribunales mexicanos, sino en los pasillos geopolíticos de Washington. Mientras Zedillo usó las esposas para marcar una era, Estados Unidos usa los candados migratorios para recordarle a la nueva élite mexicana que la impunidad siempre termina donde empieza la frontera norte.


*Periodista/Tlaxcala

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