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domingo, 4 de octubre de 2026

Articulista invitado Carlos Miguel Acosta Bravo


 

IMPRONTA

Quienes cuidan la salud, protestan.

Carlos Miguel Acosta Bravo

Las movilizaciones de trabajadores y jubilados del IMSS en al menos 17 estados no deben leerse como una simple disputa salarial. Son la expresión de un descontento estructural, quienes sostienen diariamente hospitales y clínicas denuncian salarios insuficientes, falta de medicamentos e insumos, vacantes sin cubrir y, además, restricciones para hablar públicamente de esas carencias.

Cuando médicos, enfermeras, técnicos y personal administrativo deben marchar para exigir insumos y plazas, el problema ya no es sólo laboral. Es una alerta sobre la calidad, la seguridad y la sostenibilidad del servicio público de salud.

El detonante inmediato fue el incremento de 2.9% al salario tabular aprobado por el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS), frente a la demanda de 10% sobre el salario base. Para los inconformes, ese porcentaje no recupera el poder adquisitivo perdido ni reconoce la carga de trabajo en unidades con plantillas incompletas.

El salario importa, pero no explica por sí solo la magnitud del malestar. El reclamo se cruza con dos carencias que golpean directamente la atención: el desabasto y el déficit de personal.

Los trabajadores reportan falta de medicamentos, materiales, equipo médico y uniformes. En algunos casos, aseguran haber tenido que comprar insumos con recursos propios para poder atender a pacientes.

A ello se suma la exigencia de cubrir plazas vacantes y contratar personal sustituto. Menos personal y menos insumos significan jornadas más largas para quienes sí están en servicio, mayor riesgo de error clínico y menor capacidad para atender oportunamente a millones de derechohabientes.

Las movilizaciones se registraron en 17 entidades, entre ellas Ciudad de México, Veracruz, Coahuila, Oaxaca, Guanajuato, Jalisco, Puebla, Michoacán, Hidalgo, Tamaulipas, Zacatecas, San Luis Potosí, Baja California Sur, Quintana Roo, Aguascalientes, Nayarit, Tlaxcala y Estado de México.

Esa escala revela que no se trata de un conflicto aislado ni de una fracción pequeña de la base sindical. Las quejas sobre abasto, plazas y salarios aparecen en delegaciones distintas, con condiciones locales y dirigencias seccionales diferentes.

También expone una fractura entre la base trabajadora y la dirigencia del SNTSS. Los manifestantes no sólo cuestionan al IMSS; reclaman al sindicato por aprobar un aumento que consideran insuficiente y por no responder con la rapidez necesaria a sus demandas.

Parte de la base exige, incluso, un Congreso Nacional Extraordinario, una revisión estatutaria y, en algunos casos, la salida del secretario general Rafael Olivos Hernández. Es una señal clara de crisis de representación.

El aspecto más preocupante es la denuncia de reformas al estatuto sindical, incluida la disposición 136, que -según los trabajadores- limitarían expresiones públicas, marchas, manifestaciones y publicaciones personales en redes sociales.

En un sistema público de salud, informar que faltan medicamentos, equipos o personal no es un asunto interno de un sindicato. Es un indicador de riesgo para la seguridad de los pacientes. Silenciar esas denuncias puede convertir una deficiencia operativa en una falla de rendición de cuentas.

Las consecuencias no se quedan en las oficinas del sindicato ni en las delegaciones del IMSS. Las sufren, sobre todo, las personas que dependen del Instituto para atenderse.

El movimiento expresa una tensión entre tres actores, el IMSS como institución, el SNTSS como representación sindical y la base trabajadora. Los manifestantes no sólo piden más recursos; también cuestionan cómo se administran, cómo se decide el incremento salarial y quién tiene derecho a hablar públicamente de las fallas.

La mesa de diálogo convocada para el 8 de octubre en la Secretaría de Gobernación será una prueba importante. Puede servir para canalizar el conflicto de manera institucional o, si las respuestas son insuficientes, para que la movilización escale.

Una salida seria no puede limitarse a un ajuste salarial. Requiere un plan verificable de abasto, cobertura de plazas vacantes, transparencia en la contratación y garantías de que ningún trabajador será sancionado por denunciar carencias que afectan la atención.

Las protestas del IMSS son, en el fondo, una advertencia, un sistema de salud no puede funcionar bien si quienes lo operan trabajan con salarios insuficientes, sin insumos, sin personal suficiente y con miedo a denunciar lo que ocurre. Atender sus demandas no es un favor a un gremio; es una condición indispensable para proteger la salud de millones de mexicanas y mexicanos.

 

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