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jueves, 4 de mayo de 2017

ARTICULISTA INVITADO:JORGE ARTURO RODRÍGUEZ

TIERRA DE BABEL


Ladrones, ratas y ratones

En Veracruz, como en otras partes, hay ladrones, ratas y ratones; la mala fama los mexicanos nos las ganamos a pulso, aunque en realidad pagan justos por pecadores. El caso es que una rayita más al tigre no significa nada, mucho menos si lo alarmante es el creciente tsunami de asesinatos, ejecuciones, secuestros, extorsiones; México “en la alfombra roja”, escribiera Juan Villoro, la sangre corre y recorre el territorio mexicano cual comercial de una empresa telefónica, y sucede así gracias a que nos hacemos de la vista gorda, y a las autoridades les vale madres simplemente porque están coludidas, al menos eso dicen.
         En días pasados al brasileño Denizart Simões, por quedarse dormido en pleno boulevard Manuel Ávila Camacho de Veracruz, le robaron su bicicleta y bitácoras de viaje, lo que resulta graciosa en un primer momento, pero realmente causa tristeza, coraje, impotencia y decepción… ¿Qué nos pasa?  Denizart decidió recorrer el continente americano, trayecto que lo llevó a cruzar Veracruz, por tercera ocasión. Y pácatelas… Se quedó dormido, y en México, camarón que se duerme, se lo lleva la corriente… y la chingada.
         En la película de Vittorio de Sica, Ladrones de bicicletas, “Antonio Ricci, un desocupado encuentra trabajo pegando carteles, lo cual es un gran logro en la situación de posguerra que vive el país, donde el trabajo escasea y obtenerlo es un éxito excepcional. Pero para trabajar debe poseer una bicicleta. Desafortunadamente, el primer día de trabajo le roban la bicicleta mientras pega un cartel cinematográfico. Antonio persigue al ladrón sin resultado alguno”. (wikipedia). Desde luego, hay situaciones y niveles. Decía Pablo Neruda que el fuero para el gran ladrón, la cárcel para el que roba un pan.
         Me contaron: “Se encuentra el paciente tendido en la cama. Su médico, abogado, esposa, y sus hijos están esperando el suspiro final, cuando de repente el paciente se sienta, mira a su alrededor y dice:
-Asesinos, ladrones, mal agradecidos, y se vuelve acostar.
El doctor un poco confundido dice:
-Yo creo que está mejorando.
-¿Por qué lo dice, doctor? - pregunta la esposa.
-Porque nos ha reconocido a todos”.

No sé si les quede el saco, pero conozco a muchos que sí.
        
Los días y los temas

El libro Pequeñas quimeras, del periodista Edgar Ávila Pérez, es un encuentro con grandes quimeras; son crónicas y entrevistas periodísticas preñadas de realidad cuya narración nos lleva al aquí y ahora, pero al mismo tiempo a otros mundos: la escritura que nos atrapa porque nos cuenta historias de personajes y de personas que entran a nuestro vivir y nos hacen vivir. (“Casi a diario convive con el olor y la presencia de la muerte. Es su compañera de oficio. Respeta a la guadaña, pero le teme”, de “Embalsamando los recuerdos”).
         Les comparto unas palabras de “El hombre es un ciego”: “El Tata, desde el espacio donde los viejos fungen como médicos tradicionales y sacerdotes, y se comunican con los dioses, también llaman a la reflexión a los gobernantes: “Que conozcan a sus gobernados, que conozcan qué es lo que están haciendo; que conozcan por qué gobiernan. Un Gobierno no va gobernar por el dinero, va a gobernar por la gente, va apoyar a los demás”. Bien, Edgar. Léanlo. Muy recomendable.

De cinismos anexas

Platón señaló que los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo; Napoleón Bonaparte dijo que hay ladrones a los que no se castiga, pero que roban lo más preciado: el tiempo.

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